Mary’s love for us

Jorge Vela

Hace aproximadamente dos años, en un esfuerzo por llegar a la vibrante y creciente comunidad latina de la Diócesis de Pittsburgh, Jorge Vela, director del Apostolado Hispano, comenzó a escribir una columna mensual de espiritualidad en español.

Esperamos que también lo disfruten los hablantes nativos de inglés, incluidos los estudiantes de nuestras escuelas católicas que están aprendiendo el idioma español.

About two years ago, in an effort to reach the vibrant and growing Latino community in the Diocese of Pittsburgh, Jorge Vela, director of Hispanic Apostolate, began writing a monthly spirituality column in Spanish.

We hope that it also will be enjoyed by native speakers of English, including students in our Catholic schools who are learning the Spanish language. (English translation follows Spanish.)

La voz del mensajero

Una columna de Jorge Vela

El gran amor de la Virgen María por todos sus hijos

Al hablar del amor de la Santísima Virgen María, siempre tendremos que verlo en su dimensión como madre de Jesús y también como madre espiritual de todos nosotros. Y al verlo en esta doble dimensión el amor y gratitud hacia ella, siempre irá en aumento y admiración.

Es fácil ver y percibir cómo las madres tienen ese sexto sentido para ver cuando uno de sus hijos está sufriendo, pasando por un mal momento, o simplemente es frágil y necesita más del apoyo de sus padres. Y muchas veces, este amor maternal, les lleva a poner pequeños o grandes sacrificios al resto de los hijos para poder sacar adelante al hijo más necesitado.  Estos pequeños sacrificios, que muchas veces son duros y dolorosos para los hijos, ayudarán a sacar adelante al hijo más necesitado y por eso, los padres y hermanos se suman para ayudarlo.

Creo que en el caso de María pasó algo similar. Obviamente, ella no le pidió a Jesús que se sacrificara por cada uno de nosotros, pero sí sabía que, por voluntad del Padre, Cristo tenía que nacer, vivir y morir para redimirnos a todos nosotros. Pero ella, sí le formó de la mejor manera posible, para que cumpliera fielmente la misión para la que había nacido.

Ella fue profundizando desde temprana edad con la profecía de Simeón: “He aquí, que este Niño ha sido puesto para la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción y a ti una espada traspasará tu alma” (San Lucas 2: 34-35).

¿Cuánto le habrá costado acompañar a Cristo, sobre todo desde la Flagelación hasta la muerte en la cruz? Seguramente, cada encuentro con Jesús fue un momento de motivación y acompañamiento para que Cristo cumpliera la voluntad de Dios.

Pero, por otro lado, desde el momento de Cristo le dice a María al píe de la cruz: “Mujer he ahí a tu hijo” (San Juan 19: 26), se ve eso claro-oscuro de la fe, dónde por un lado se duele hasta el alma por el sufrimiento y muerte de Cristo, pero por otro, es consciente que todo lo que está viviendo Cristo es necesario para que todos nosotros, hijos también de María, recibamos la redención de nuestros pecados. Por una parte, se duele de lo que le hacemos a su hijo amado, pero por otra, sabe que es necesario, para que cada uno de nosotros, también hijos de María, podamos llegar al cielo.

Pero, en cambio, desde el momento en que Cristo le dice a María al pie de la cruz: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (San Juan 19,26), ves esa luz-oscuridad de la fe, donde duele hasta el alma por el sufrimiento y la muerte de Cristo. Pero por otro, es consciente de que todo lo que vive Cristo es necesario para que todos, también hijos de María, recibamos la redención de nuestros pecados. Por un lado, duele lo que le hacemos a su amado hijo, pero por otro, sabe que es necesario, para que cada uno de nosotros, también hijos de María, podamos llegar al cielo.

La mayor devoción a la Virgen María implica la imitación de las virtudes que ella vivió durante su vida. Los invito a vivir ese gran amor a todos los seres humanos, sin favoritismos, o conveniencias, sino tratando de ver siempre lo que es mejor para cada uno de nosotros y procurando imitarla, en la fe, en la esperanza, pero sobre todo en el amor a todos sus hijos, que son mis hermanos. También imitemos su vida de oración, su vida de silencio de todo lo que no sea de Dios, y finalmente su vida de humildad y fidelidad a la Voluntad de Dios.

¡Cuánto nos ama la Santísima Virgen María, pues somos el rescate de la preciosa sangre redentora de su hijo amado!

The Voice of the Messenger

A monthly column by Jorge Vela

The great love of the Virgin Mary for all her children

When speaking of the love of the Blessed Virgin Mary, we will always have to see her in her dimension as the mother of Jesus and also as the spiritual mother of all of us. And when seeing it in this double dimension, the love and gratitude towards her will always increase and admiration.

It is easy to see and perceive how mothers have that sixth sense to see when one of their children is suffering, going through a bad time, or is simply fragile and needs more of the support of their parents. And many times, this maternal love leads them to make small or great sacrifices to the rest of the children in order to raise the neediest child. These small sacrifices, which are often hard and painful for the children, will help raise the needy child and for that reason, parents and siblings join in to help him.

I think something similar happened in Mary’s case. Obviously, she didn’t ask Jesus to sacrifice himself for each of us, but she did know that, by the will of the Father, Christ had to be born, live, and die to redeem all of us. But she did train him in the best possible way, so that he would faithfully fulfill the mission for which he was born.

She was deepening from an early age with the prophecy of Simeon: “Behold, this Child has been placed for the fall and the rising of many in Israel, and to be a sign of contradiction and to you a sword will pierce your soul” (Saint Luke 2: 34-35).

How much will it cost him to accompany Christ, especially from the flagellation to death on the cross? Surely, each encounter with Jesus was a moment of motivation and accompaniment for Christ to fulfill the will of God.

But, on the other hand, from the moment of Christ says to Mary at the foot of the cross, “Woman, behold your son” (Saint John 19:26), you see that light-dark of faith, where it hurts even the soul for the suffering and death of Christ. But on the other, it is aware that everything that Christ is experiencing is necessary so that all of us, also children of Mary, receive the redemption of our sins. On the one hand, he hurts what we do to his beloved son, but on the other, he knows that it is necessary, so that each one of us, also children of Mary, can reach heaven.

The greatest devotion to the Virgin Mary involves the imitation of the virtues that she lived during her life. I invite you to live that great love for all human beings, without favoritism or convenience, but always trying to see what is best for each one of us and trying to imitate it, in faith, in hope, but above all in the love to all his children, who are my brothers. Let us also imitate his life of prayer, his life of silence about everything that is not of God, and finally his life of humility and fidelity to the will of God.

How much the Blessed Virgin Mary loves us, for we are the rescue of the precious redeeming blood of her beloved son!